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EL COMIENZO DEL MINISTERIO DE PABLO | Miércoles 1ro de agosto

agosto 1, 2018

EL COMIENZO DEL MINISTERIO DE PABLO | Miércoles 1ro de agosto

Hechos 9:19 al 2S da la impresión de que, después de su conversión, Pablo permaneció en Damasco por un tiempo antes de regresar a Jerusalén (hech.9:26). Sin embargo, en Gálatas 1:17, Pablo añade que, antes de ir a Jerusalén, fue a arabia donde, aparentemente, vivió recluido durante cierto tiempo. “Allí en la soledad del desierto, pablo tenia amplio oportunidad para estudiar y meditar con quietud” (HAp 103).

Lee Hechos 9:20 al 25. ¿De qué manera describe Lucas el ministerio de Pablo en Damasco? ¿Cuán bien le fue?

 

El objetivo original de Pablo al partir de Jerusalén con las cartas del sumo sacerdote eran los creyentes judíos que, probablemente, habían buscado refugio en las sinagogas de Damasco (Hech.9:2). Ahora después de regresar de Arabia, llegó finalmente a las sinagogas, no para arrestar  a los creyentes, sino para multiplicarlos; no para calumniar a Jesús como impostor, sino para presentarlo como el Mesías de Israel. ¿Qué habrá pasado por la mente de aquellos que, habiendo oído hablar de él solo como uno de sus perseguidores ahora lo escuchaban dar testimonio de Jesús? ¿Qué otra cosa podían hacer
más que maravillarse por lo que Saulo de Tarso había llegado a ser y por lo que estaba haciendo por la iglesia? (Probablemente no tenían idea de la influencia que este nuevo converso tendría al final)
Al no poder contradecir a Pablo, algunos de sus oponentes conspiraron
juntos para quitarle la vida. El relato que hizo Pablo de ese episodio (2 Cor.11:32, 33) sugiere que sus oponentes lo denunciaron a las autoridades locales para lograr su objetivo. Sin embargo, con la ayuda de los creyentes, Pablo pudo escapar en una canasta, posiblemente por la ventana de una casa construida en la muralla de la ciudad.
Pablo sabía desde el principio que enfrentaría desafíos (Hech.9:16) La oposición, la persecución y el sufrimiento de diversas fuentes eran una constante en su ministerio; pero nada sacudió ni su fe ni su sentido del deber, no obstante las dificultades y las pruebas que enfrentó prácticamente a cada paso de su nueva vida en Cristo (2 Cor.4:8,9).

 

 A pesar de las luchas y la oposición, Pablo no se dio por vencido. ¿De qué forma podemos aprender a hacer lo mismo en lo relativo a la fe? Es decir, ¿cómo podemos perseverar en medio del desánimo y la oposición?

Reavivados por su Palabra: Hoy, 2 Tesalonicenses 1 Durante esta semana, DTG caps, 52.53.