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EL TRABAJO Y LA MAYORDOMÍA | Lección 11 Jueves 10 de diciembre

diciembre 14, 2020

EL TRABAJO Y LA MAYORDOMÍA | Lección 11 Jueves 10 de diciembre

“Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas” (Ecl. 9:10). El más sabio de los hombres utiliza estas palabras de consejo con respecto a la mayordomía en todos los aspectos de la vida. Al hablar sobre la mayordomía cristiana, muchos limitan sus pensamientos a la responsabilidad financiera de los cristianos. Aunque el dinero es sin duda un aspecto importante de la mayordomía, no lo es todo. En teoría organizacional, la mayordomía alude a la responsabilidad administrativa de adquirir y utilizar en forma adecuada todos los recursos disponibles. En la iglesia, ¿cuáles son los recursos con los que Dios nos ha bendecido? Pedro dice claramente que el Creador dio dones a cada uno; y llama “sacerdocio santo” (1 Ped. 2:5) a esos cristianos dotados con responsabilidad ante Dios por su administración de todos los dones de Dios: dinero, tiempo, energía, talento y demás.

Lee Eclesiastés 9:10 y 1 Corintios 10:31. ¿Cuál es el mensaje para nosotros en estos versículos sobre cómo debemos trabajar y cómo debemos educar a la gente para trabajar?

Una de las trampas comunes de la vida actual es la tendencia a compartimentar los diferentes aspectos de la vida. Hay una vida laboral, una vida familiar, una vida espiritual, e incluso una vida de ocio. La tendencia a separar estos aspectos de la vida para que haya poca o ninguna superposición entre ellas es deseable en algunos casos. Por ejemplo, no es bueno llevar el trabajo a casa, de manera que interfiera con las responsabilidades familiares. La búsqueda del ocio tampoco debería reducir el tiempo que pasamos con Dios.
Sin embargo, esa restricción no debería aplicarse al papel que nuestra vida espiritual debe desempeñar en toda nuestra existencia. El trabajo del cristiano surge de la comunión y el trabajo con Dios. El trabajo es una manera en la que podemos practicar la presencia de Dios. Compartimentar nuestra vida religiosa, limitar a Dios a un día, una hora o incluso un aspecto
de la vida, es rechazar la presencia de Dios en estos otros aspectos.

Dos preguntas: en primer lugar, pregúntate si realmente fragmentas tu vida espiritual. En segundo lugar, si tu respuesta es sí, ¿cómo puedes aprender a dejar que la espiritualidad reine en todo lo que haces?

Reavivados por su palabra: Hoy, Jeremias 45.