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LA EDUCACI脫N EN LA IGLESIA PRIMITIVA | Jueves 19 de noviembre Lecci贸n 8

noviembre 20, 2020

LA EDUCACIÓN EN LA IGLESIA PRIMITIVA | Jueves 19 de noviembre Lección 8

Uno de los principios notables de la educación en las Escrituras surge cuando Jesús, el gran Maestro, se prepara para dejar a sus alumnos, o discípulos. Habían estado con él durante tres años y medio, aproximadamente la cantidad de tiempo que destinamos a la educación secundaria o superior. Al finalizar cualquiera de estos períodos, según la persona, los estudiantes a menudo consideran que están listos para valerse por sí solos.
Pero Jesús sabía más, y por eso proporcionó a sus seguidores educación continua bajo la tutela del Espíritu Santo. En otro lado se identifica a ese maestro o guía como Consolador, o Abogado (en griego, paracletos), que les será dado a los seguidores de Jesús en forma permanente (Juan 14:16, 17).
Se lo identifica como el Espíritu de Verdad. Si bien el Espíritu Santo no se identifica como educador, la obra del Espíritu indudablemente es educativa, especialmente en lo que respecta a buscar y encontrar la verdad.

Lee 1 Corintios 2:1 al 16. ¿Qué dice Pablo que es sumamente importante en el contexto de la educación?

Pablo comienza recordando a la iglesia de Corinto que, cuando fue a ellos por primera vez, no habló de nada más que de Jesucristo y de su crucifixión (1 Cor. 2:2): nada de sabiduría astuta, solo la proclamación del evangelio. Pero ese no fue todo (2:6), porque una vez que estos nuevos cristianos maduraran, el apóstol volvería para enseñarles sabiduría, las cosas que Dios escondió
antes del comienzo del mundo (2:7), incluso las cosas profundas de Dios (2:10). Todo será estudiado bajo la guía del Espíritu de Dios cuando este se una al espíritu del alumno.

¿Cuán profundo será ese estudio y cuánto acceso al aprendizaje habrá para quienes sean guiados por el Espíritu? El capítulo concluye con una cita del profeta Isaías: “¿Quién enseñó al Espíritu de Jehová, o le aconsejó enseñándole?” (Isa. 40:13). El profeta que hablaba a la gente común de su
época diría que nadie puede hacer eso. Pero Pablo corrigió esa percepción, al concluir: “Nosotros tenemos la mente de Cristo”, lo que significa que los cristianos llenos del Espíritu tienen acceso incluso a la mente de Dios y, por lo tanto, a cualquier cantidad de aprendizaje y entendimiento (1 Cor. 2:10-13), necesarios para conocer el camino de la justicia.

Reavivados por su palabra: Hoy, Jeremias 24.