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PARA ESTUDIAR Y MEDITAR | Viernes 15 de enero Lección 3

enero 16, 2021

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR | Viernes 15 de enero Lección 3

“ ‘Llamarás su nombre Emanuel […] Dios con nosotros’. ‘La luz del conocimiento de la gloria de Dios’ se ve ‘en el rostro de Jesucristo’. Desde los días de la eternidad, el Señor Jesucristo era uno con el Padre; era ‘la imagen de Dios’, la imagen de su grandeza y majestad, ‘el resplandor de su gloria’. Él vino a este mundo para manifestar esa gloria. Vino a esta Tierra oscurecida por
el pecado para revelar la luz del amor de Dios; para ser ‘Dios con nosotros’.
Por tanto, fue profetizado de él: ‘Lo llamará Emanuel’ ” (DTG 11).
“Habría convenido al reino de Judá que Acaz recibiese este mensaje como proveniente del Cielo. Pero, prefiriendo apoyarse en el brazo de la carne, buscó la ayuda de los paganos. Desesperado, avisó así a Tiglatpileser, rey de Asiria: ‘Yo soy tu siervo y tu hijo; sube, y defiéndeme de mano del rey de Siria, y de mano del rey de Israel, que se han levantado contra mí’ (2 Rey.
16:7). La petición iba acompañada por un rico presente sacado de los tesoros del rey y de los alfolíes del Templo” (PR 243).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

1. Cuando estás en el proceso de tomar una decisión, ¿es apropiado pedir a Dios una señal? ¿Cuáles son, posiblemente, los peligros intrínsecos de hacer algo así?

2. Es bueno contar con ayuda humana, pero ¿cómo reconoces los límites?

3. El autor ruso León Tolstói escribió a un amigo diciendo que: “Una vez que un hombre se da cuenta de que la muerte es el final de todo, entonces tampoco hay nada peor que la vida”. El hecho de saber que “Dios está con nosotros”, ¿qué respuesta presenta ante esa declaración?

Resumen: Dios llevó al infiel rey Acaz a circunstancias en las que tuvo que tomar una decisión difícil: creer o no creer, esta es la cuestión. Aunque el Señor le ofreció darle cualquier señal que se le pudiera ocurrir, se negó a permitir que Dios le mostrara una razón para creer. En cambio, eligió como “amigo” al rey de Asiria.

Reavivados por su palabra: Hoy, Ezequiel 24.