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UNA MUJER LE RESPONDE | Lección 6 Miércoles 4 de noviembre

noviembre 4, 2020

UNA MUJER LE RESPONDE | Lección 6 Miércoles 4 de noviembre

Jesús es el gran Maestro. El verdadero carácter de Dios brilla a través de su enseñanza y también de su vida. Por lo tanto, un relato de los evangelios es aún más asombroso porque muestra que cuando alguien le replica a Jesús, él todavía escucha.

Lea la historia del encuentro de Jesús con una gentil (o “cananea”) de la región de Tiro y Sidón (Mat. 15:21–28; Mar. 7:24–30). Observa que los hombres del entorno de Jesús se impacientan con ella, y que incluso Jesús parece despedirla. ¿Qué opinas de la audacia de la mujer? ¿Qué nos enseña esta historia acerca de cómo el mismo Jesús enseñó a los demás?

Jesús estaba cerca de Tiro y Sidón. Había cruzado a un lugar donde abundaban los extraños y las tensiones étnicas se exacerbaban. Los habitantes de la ciudad que hablaban griego miraban con desprecio a los granjeros judíos que vivían en el campo, y estos a su vez despreciaban a los de la ciudad.

No mucho antes, Herodes, el gobernante marioneta de Galilea, el territorio de origen de Jesús, había ejecutado a Juan el Bautista. Pero Juan era un hombre cuya perspectiva Jesús compartía ampliamente, y la ejecución parecía acechar. Jesús había comenzado a enfrentarse cara a cara con el peligro de su misión.
Al sentir la tensión, Jesús entró en una casa, con la esperanza de que nadie supiese que estaba allí (así dice Marcos en su relato: Mar. 7:24). Pero
la mujer lo encontró.

En la cultura de aquel tiempo y lugar, una mujer no tenía derecho a hacerse valer. Además, esta mujer pertenecía a una cultura y a un grupo étnico para el que los judíos tenían poco tiempo, y esto la ponía en mayor desventaja.
Pero la hija de la mujer estaba enferma. Ella quería ayuda, y persistió en pedirla. Jesús la desestimó. “No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos”, le dijo (Mat. 15:26). El comentario podría haber herido los sentimientos de ella.
Y entonces sucedió algo extraordinario. A continuación ella respondió.
Ella estaba familiarizada con los perros, a diferencia de los judíos, que no los tendrían como mascotas, y dijo: “Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos” (Mat. 15:27). Su comentario fue determinante. Parece convincente. Y Jesús sana a su hija.

“Hágase contigo como quieres” (Mat. 15:28). ¿Cómo interpretamos estas palabras? No obstante, ¿cómo respondemos cuando las cosas no suceden como nosotros queremos?

Reavivados por su palabra: Hoy, Jeremias 09.