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COMPARTIR LA PALABRA | Lección 7 Jueves 13 de agosto

agosto 16, 2020

COMPARTIR LA PALABRA | Lección 7 Jueves 13 de agosto

Las buenas noticias son para compartir. Piensa en los momentos de tu vida que te han deleitado con buenas noticias. Pudo haber sido el día en que te comprometiste para casarte, el nacimiento de un hijo, un nuevo trabajo o la compra de un automóvil o una casa nuevos. Estabas tan emocionado
que no podías esperar para compartirlo.
Es maravilloso compartir nuestra alegría con los demás, pero la mejor noticia en todo el Universo es la historia de Jesús. Cuando descubrimos nuevas ideas en su Palabra acerca de la salvación que hay en Cristo, nuestros corazones se llenan de alegría y anhelamos contarle a alguien más. Cuando
los líderes religiosos intentaron detener la predicación de los apóstoles, Pedro declaró: “Porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Hech. 4:20).
“Tan pronto como uno va a Cristo, nace en el corazón un vivo deseo de hacer conocer a otros cuán precioso amigo ha encontrado en Jesús; la verdad salvadora y santificadora no puede permanecer encerrada en el corazón.
Si estamos revestidos de la justicia de Cristo y rebosamos de gozo por la presencia de su Espíritu, no podremos guardar silencio” (CC 66).

En Romanos 1:14 al 16, Pablo escribió: “A griegos y a no griegos, a sabios y a no sabios soy deudor. Así que, en cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma. Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego”.
El apóstol Pablo nunca se cansó de contar su historia de conversión. Su corazón desbordó de alegría en Jesús. Para él, las buenas noticias eran para compartir, y no podía estar callado.

¿Qué principios vitales sobre compartir la Palabra de Dios nos dan Isaías 50:4, Eclesiastés 3:1 y 2 Timoteo 4:2?

A medida que entreguemos nuestra vida a Cristo y a su servicio, él abrirá puertas de oportunidad “para saber hablar palabras al cansado”, o en el momento adecuado a aquellos cuyos corazones él ha abierto. En todos nuestros testimonios, debemos tener en cuenta tres principios bíblicos: lo que decimos, cómo lo decimos y cuándo lo decimos.

¿Con quiénes estás en contacto y cómo puedes ser mejor testigo para ellos?

Reavivados por su palabra: Hoy, Eclesiastés 12.