EL ÁRBOL DE LA VIDA | Domingo 14 de noviembre Lección 8
Ninguno de nosotros pidió estar aquí, ¿verdad? No elegimos venir al mundo, ni tampoco elegimos dónde ni cuándo nacer, ni quiénes serían nuestros padres.
Lo mismo sucedió con Adán y Eva. Al igual que una hoja, una roca, una montaña, ellos no participaron en la decisión de Dios de crearlos. Como seres humanos, recibimos no solo la existencia (una roca tiene existencia), y no solo vida (una ameba tiene vida), sino vida como seres racionales libres hechos a imagen de Dios.
Pero tampoco hemos elegido venir al mundo como seres racionales libres hechos a imagen de Dios. No obstante, lo que Dios nos ofrece es la opción de seguir existiendo; es decir, nos ofrece elegir la vida eterna en él, que es lo que podemos tener gracias a Jesús y a su muerte en la Cruz.
Lee Génesis 2:8, 9, y 15 al 17; y 3:22 y 23. ¿Qué dos opciones le presentó Dios a Adán con respecto a su existencia?
“En medio del Edén crecía el árbol de la vida, cuyo fruto tenía el poder de perpetuar la vida. Si Adán hubiese permanecido obediente a Dios, habría continuado gozando de libre acceso a ese árbol y habría vivido eternamente.
Pero, en cuanto hubo pecado, quedó privado de comer del árbol de la vida y llegó a quedar sujeto a la muerte. La sentencia divina: ‘Polvo eres, y al polvo volverás’ señala a la completa extinción de la vida” (CS 587, 588).
Por lo tanto, desde el primer momento, la Biblia nos presenta una de dos opciones: o la vida eterna, que es lo que originalmente se suponía que teníamos; o la muerte eterna, que en cierto sentido es simplemente regresar a la nada de la que salimos en un principio.
También es interesante que el “árbol de la vida”, que las Escrituras dicen que da inmortalidad, y que aparece por primera vez en el primer libro de la Biblia, vuelva a aparecer en el último libro. Lee Apocalipsis 2:7; y 22:2 y 14. Quizás el mensaje sea que, aunque se suponía que teníamos acceso al árbol de la vida, debido al pecado perdimos ese acceso; luego, al final, una vez que el problema del pecado haya finalizado definitiva y completamente, gracias a Jesús y al plan de salvación, los redimidos, aquellos que eligieron la vida, tendrán acceso al árbol de la vida como se suponía que teníamos
desde el principio.
Piénsalo: con nuestras decisiones diarias, ¿cómo estamos eligiendo: para vida o para muerte?
Reavivados por su Palabra: Hoy, 2 Timoteo 4.
