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EL SEÑOR LE RESPONDIÓ A JOB | Jueves 3 de diciembre Lección 10

diciembre 4, 2020

EL SEÑOR LE RESPONDIÓ A JOB | Jueves 3 de diciembre Lección 10

Lee Job 38. ¿Qué nos enseña esto acerca de Dios no solo como Creador, sino también como Sustentador de toda la vida? ¿Cómo debería impactar esta importante verdad en nuestra manera de entender las artes y las ciencias?

“Muchos enseñan que la materia posee poderes vitales; que a la materia se le impartieron ciertas propiedades, y que luego se la dejó actuar mediante su propia energía inherente; y que las operaciones de la naturaleza se llevan a cabo en armonía con leyes fijas, en las que Dios mismo no puede intervenir.
Esta es una ciencia falsa, y no está respaldada por la Palabra de Dios. La naturaleza es la sierva de su Creador. Dios no anula sus leyes, ni tampoco obra contrariándolas; las usa continuamente como sus instrumentos. La naturaleza atestigua de una inteligencia, una presencia y una energía activa que obran dentro de sus leyes y mediante ellas. Existe en la naturaleza la acción continua del Padre y del Hijo. Cristo dice: ‘Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo’ (Juan 5:17)” (PP 106, 107).

Lamentablemente, como se dijo anteriormente, gran parte de la ciencia trabaja sobre presuposiciones ateas y materialistas. Por lo tanto, esto significa que un científico podría estar contemplando algo de extraordinaria belleza, de extraordinaria complejidad, incluso de extraordinaria belleza y complejidad juntas, y no obstante afirmar que surgió por casualidad, sin
ninguna previsión ni intencionalidad.
Esto es, de hecho, lo que la ciencia reclama todo el tiempo. La vida en la Tierra, en toda su belleza y complejidad, desde las mariposas hasta los seres humanos, se explica como nada más que el resultado de un cultivo de productos químicos de hace miles de millones de años que se constituyeron por casualidad en una vida simple que, a través de la mutación aleatoria y la selección natural, evolucionó hasta el estado de todo lo que vive, se mueve
y respira hoy.

La ciencia, tal como se la conoce ahora, argumenta que la idea misma de un Creador sobrenatural es “anticientífica”, ya que no puede probarse científicamente y, por lo tanto, es una noción ajena a la ciencia. Esta presuposición no es algo que la ciencia misma enseñe (de hecho, la ciencia parecería enseñar lo contrario: toda la belleza y la complejidad del mundo apuntan a un Creador), sino que es una postura filosófica impuesta sobre la disciplina por los propios científicos.
Sin embargo, el problema es que las Escrituras enseñan que Dios no solo creó todo sino también lo sostiene todo. Esto significa que toda verdadera educación cristiana relacionada con la ciencia tendría que funcionar a partir de supuestos radicalmente diferentes de lo que afirma la ciencia en general. Inevitablemente, se producirán conflictos, especialmente en lo relacionado con los orígenes de la vida.

Reavivados por su palabra: Hoy, Jeremias 38.