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LA IMAGEN DE ORO | DOMINGO 19 DE ENERO LECCION 4

enero 20, 2020

LA IMAGEN DE ORO | DOMINGO 19 DE ENERO LECCION 4

Lee Daniel 3:1 al 7. ¿Qué es lo que probablemente motiva al rey a hacer esta estatua?

Es posible que hayan pasado unos veinte años entre el sueño y la construcción de la imagen. No obstante, parece que el rey ya no puede olvidar el sueño y el hecho de que Babilonia esté condenada a ser reemplazada por otros poderes. No satisfecho con ser solo la cabeza de oro, el rey quiere que una imagen íntegramente hecha de oro lo represente, para comunicar a sus súbditos que su reino perdurará a lo largo de la historia.
Esta actitud de orgullo nos recuerda a los constructores de la Torre de Babel, quienes, en su arrogancia, intentaron desafiar a Dios mismo. Nabucodonosor no es menos arrogante en este caso. Él ha logrado mucho como gobernante de Babilonia, y no puede hacerse a la idea de que su reino, con el tiempo, dejará de existir. Por ende, en un esfuerzo por autoexaltarse, construye una imagen para recordar su poder y evaluar, así, la lealtad de sus súbditos. Aunque quizá no sea claro si la imagen pretende representar al rey o a una deidad, debemos tener en cuenta que en la antigüedad las líneas que separaban la política de la religión a menudo eran confusas, o directamente no existían.
También debemos recordar que Nabucodonosor tuvo dos oportunidades para familiarizarse con el Dios verdadero. En primer lugar, examina a los jóvenes hebreos y los encuentra diez veces más sabios que los otros sabios de Babilonia. Más adelante, después de que todos los demás expertos no le pudieron recordar el sueño, Daniel le comunica los pensamientos de su mente, el sueño y su interpretación. Finalmente, el rey reconoce la superioridad del Dios de Daniel. Pero, evidentemente, esas lecciones de teología anteriores no impiden que Nabucodonosor vuelva a la idolatría. ¿Por qué? Lo más probable, por su orgullo. Los seres humanos pecaminosos se resisten a reconocer el hecho de que sus logros materiales e intelectuales son vanidad y están condenados a desaparecer. En ocasiones, podemos actuar como pequeños “Nabucodonosores”, ya que prestamos demasiada
atención a nuestros logros y olvidamos lo insignificantes que pueden ser frente a la eternidad.

¿Cómo podemos aprender a no caer, incluso de maneras muy sutiles, en la misma trampa que Nabucodonosor?

Reavivados por su palabra: Hoy, Job 28 – Durante esta semana, CS cap. 19.