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LA ÚLTIMA GRAN CIUDAD DE BABILONIA (ISA. 13:2–22) | Lección 6 Lunes 1o de febrero

febrero 1, 2021

LA ÚLTIMA GRAN CIUDAD DE BABILONIA (ISA. 13:2–22) | Lección 6 Lunes 1o de febrero

En 626 a.C., el caldeo Nabopolasar restauró la gloria de Babilonia al ascender como rey de Babilonia. Inició la dinastía neobabilónica y participó (junto con Media) de la derrota de Asiria. Su hijo, Nabucodonosor II, fue el rey que conquistó y exilió a Judá.

¿Cómo terminó finalmente la ciudad de Babilonia? Ver Daniel 5.

En 539 a.C., cuando Ciro, el persa, capturó a Babilonia para el Imperio Medopersa (ver Dan. 5), la ciudad perdió su independencia para siempre. En 482 a.C., Jerjes reprimió brutalmente una revuelta de Babilonia contra el dominio persa. Quitó la estatua de Marduk, el dios principal, y aparentemente dañó algunas fortificaciones y templos.

Alejandro Magno tomó Babilonia de los persas en 331 a.C. sin tener que pelear. A pesar de su sueño efímero de hacer de Babilonia su capital oriental, la ciudad declinó a través de varios siglos. Para 198 d.C., el romano Séptimus Severus encontró a Babilonia completamente desierta. De modo que la gran ciudad llegó a su fin por abandono. Hoy, algunos aldeanos iraquíes viven
en partes del antiguo sitio, pero no han reconstruido la ciudad como tal.

La condenación de Babilonia, descrita en Isaías 13, libera a los descendientes de Jacob, que han sido oprimidos por Babilonia (Isa. 14:1-3). El acontecimiento que logró esto fue la conquista de Babilonia por parte de Ciro en 539 a.C. Aunque no destruyó la ciudad, este fue el principio del fin para Babilonia, y esta nunca más amenazó al pueblo de Dios.
Isaías 13 dramatiza la caída de Babilonia como un juicio divino. Los guerreros que toman la ciudad son los representantes de Dios (Isa. 13:2–5).
El tiempo del juicio se llama “el día de Jehová” (13:6, 9), y la ira de Dios es tan poderosa que afecta las estrellas, el Sol, la Luna, los cielos y la Tierra (13:10, 13).
Compara con Jueces 5, donde el cántico de Débora y Barac describe a Jehová saliendo con temblor de tierra y con lluvia de los cielos (Juec. 5:4). Jueces 5:20 y 21 describe los elementos de la naturaleza, incluidas las estrellas, como una lucha contra el opresor extranjero.

Imagina que alguien que vivía en Babilonia en el apogeo de su gloria hubiese podido leer estas palabras de Isaías 13, especialmente Isaías 13:19 al 22. ¡Qué ridículas e imposibles habrían sonado! ¿Qué otras profecías, aún no cumplidas, nos parecen ridículas e imposibles ahora? Sin embargo, ¿por qué seríamos necios si las descartáramos como imposibles?

Reavivados por su palabra: Hoy, Ezequiel 41.