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LOS OJOS DE JEHOV脕 | Domingo 18 de octubre Lecci贸n 4

octubre 22, 2020

LOS OJOS DE JEHOVÁ | Domingo 18 de octubre Lección 4

Un profesor universitario de Oxford teorizó que nada es real: ni nosotros, ni el mundo, ni nada de lo que nos rodea, sino que somos las creaciones digitales de una raza de extraterrestres con computadoras superpoderosas.
Si bien esa es una teoría interesante, plantea una pregunta crucial: ¿cuál es la naturaleza de la realidad? Hay dos respuestas posibles y muy amplias, aunque solo una es racional.
La primera es que el Universo (y todo lo que hay en él, incluidos nosotros) simplemente es. Nada lo creó, nada lo formó; solo está aquí. Es simplemente un dato duro. No hay dios, no hay dioses, no hay nada divino. La realidad es puramente material, puramente natural. Como alguien dijo hace 2.500 años (esta no es una idea nueva), solo hay “átomos y el vacío”.
La otra postura es que algún ser (o seres) divino creó el Universo. Por cierto, eso parece más lógico, más racional, más sensato, que la idea de que el Universo es, sin explicación alguna. Esta perspectiva abarca el mundo natural, el mundo de los “átomos y el vacío”, pero no se limita a él. Señala una realidad que es mucho más amplia, profunda y multifacética que la visión ateomaterialista que tan a menudo escuchamos en la actualidad.

¿Qué dicen los siguientes versículos sobre las ideas planteadas en la lección de hoy? Salmo 53:1; Proverbios 15:3; Juan 3:16; Isaías 45:21; Lucas 1:26–35.

El elemento central de toda educación cristiana es la realidad de Dios; y no solo eso, sino la clase de Dios que es: un Dios personal que nos ama y que interactúa con nosotros. Él es un Dios de milagros que, si bien utiliza leyes naturales, no está sujeto a esas leyes y puede trascenderlas cuando quiera (como en la concepción virginal de Jesús). La enseñanza de esta cosmovisión
es especialmente pertinente en nuestros días porque el mundo intelectual, en su mayoría, enseña abiertamente y sin tapujos la cosmovisión atea y naturalista, y además afirma (erróneamente) que la ciencia la apoya.

Piensa en cuán estrecha y limitada es la cosmovisión atea en contraste con la cosmovisión bíblica, que, como se dijo anteriormente, abarca el mundo natural pero no se limita a él. ¿Por qué, en definitiva, la cosmovisión bíblica, la cosmovisión teísta, es mucho más lógica y racional que su rival atea?

Reavivados por su palabra: Hoy, Isaís 58.