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RECEPTIVIDAD AL EVANGELIO | Lección 9 Domingo 23 de agosto

agosto 22, 2020

RECEPTIVIDAD AL EVANGELIO | Lección 9 Domingo 23 de agosto

Lee Juan 4:27 al 30 y 39 al 42. ¿De qué manera la interacción de Jesús con la mujer samaritana demuestra la verdad de que todo tipo de personas están abiertas al evangelio, incluso en lugares inesperados?

El último lugar donde los discípulos esperaban encontrar corazones receptivos al evangelio era en Samaria. Los samaritanos estaban en constante conflicto con los judíos en cuanto a doctrina y adoración. Esta animosidad tenía siglos de antigüedad. Los samaritanos habían querido participar en la construcción del Templo en Jerusalén, pero se les negó esa oportunidad debido a su mixtura con la cultura pagana que los rodeaba y sus opiniones poco ortodoxas. Como resultado, los samaritanos construyeron su propio templo en el monte Gerizim. Los discípulos habrían pasado Samaria por alto como un terreno infértil para la proclamación del evangelio.

Jesús vio lo que los discípulos no vieron: corazones receptivos. El relato de Juan sobre la historia de la mujer en el pozo comienza con estas palabras:“Salió de Judea, y se fue otra vez a Galilea. Y le era necesario pasar por Samaria” (Juan 4:3, 4). Le era “necesario” a Jesús pasar por Samaria porque el Espíritu Santo le mostró que habría corazones receptivos en este lugar poco probable. Cuando nuestros ojos son divinamente ungidos por el Espíritu Santo, vemos posibilidades donde otros solo ven dificultades. Vemos una rica cosecha de almas para el Reino de Dios donde otros solo ven campos yermos.

Lee Hechos 8:4, 5 y 14. ¿Cuál fue el resultado final del ministerio de Jesús en Samaria?

Los discípulos habrían pasado por alto Samaria sin haber brindado la oportunidad a los samaritanos de escuchar la verdad de la Palabra de Dios.
Jesús vio lo que ellos no vieron. Reconoció que el Espíritu Santo había creado una receptividad en el corazón de una mujer, cuya dramática conversión impactó a decenas de personas en esa ciudad. No siempre veremos resultados inmediatos de nuestras actividades de testificación, pero si sembramos semillas en corazones receptivos, algún día producirán una cosecha para
la gloria de Dios.

Nunca sabemos con certeza el impacto de nuestras palabras y nuestras acciones en los demás, ya sea para bien o para mal. Por lo tanto, ¿por qué debemos tener siempre cuidado con lo que decimos y hacemos en presencia de otros?

Reavivados por su palabra: Hoy, Isaís 02.