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RECUPERAR LO PERDIDO | Miércoles 30 de septiembre Lección 1

octubre 2, 2020

RECUPERAR LO PERDIDO | Miércoles 30 de septiembre Lección 1

Cuando Adán y Eva decidieron obedecer el mensaje de la serpiente, sufrieron, entre muchas otras consecuencias, el destierro del aula de Dios. Piensa en lo que Adán y Eva perdieron a causa de su pecado. Cuando entendemos su caída, podemos comprender mejor el propósito de la educación para nosotros en la actualidad. A pesar del destierro, la vida en un mundo imperfecto marcó el comienzo de un nuevo propósito para la educación.
Si la educación antes de la Caída fue la manera que Dios utilizó para que Adán y Eva se familiarizaran con él y dar a conocer su carácter, su bondad y su amor, después del destierro, la obra de la educación debe ser volver a familiarizar a la humanidad con esas cosas y recrear la imagen de Dios en nosotros. Los hijos de Dios aún pueden llegar a conocer a Dios, su bondad y su amor a pesar de estar físicamente separados de su presencia. Mediante la oración, el servicio y el estudio de su Palabra, podemos acercarnos a nuestro Dios como lo hicieron Adán y Eva en el Edén.
Lo bueno es que, gracias a Jesús y al plan de redención, no todo está perdido. Tenemos esperanza de salvación y de restauración. Y buena parte de la educación cristiana debería ser guiar a los alumnos hacia Jesús, a lo que él hizo por nosotros y a la restauración que ofrece.

Lee 2 Pedro 1:3 al 11. Estos versículos son un estímulo para poder recuperar mucho de lo que perdió la humanidad al abandonar el Edén. ¿Qué dice Pedro que debemos hacer para restaurar la imagen de Dios en nuestra vida?

A través de Jesús, recibimos “todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad” (2 Ped. 1:3). ¡Qué promesa! ¿Cuáles podrían ser algunas de esas cosas? Bueno, Pedro nos da una lista: fe, virtud, conocimiento, dominio propio, paciencia, y otras. Fíjate también que el conocimiento es una de las cosas que menciona Pedro. Esta idea, por supuesto, da lugar a la noción de educación. La verdadera educación conducirá al verdadero conocimiento, el conocimiento de Cristo, y por lo tanto no solo nos volveremos más semejantes a él, sino también podremos compartir lo que conocemos de él con los demás.

Piensa por un momento en el hecho de que el árbol prohibido era el árbol del “conocimiento del bien y del mal”. ¿Qué debería denotar esto? ¿Por qué no todo conocimiento es bueno? ¿Cómo reconocer la diferencia entre el conocimiento bueno y el malo?

Reavivados por su palabra: Hoy, Isaís 40.