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JESÚS Y LA PROMESA DEL ESPÍRITU SANTO | Lección 5 Domingo 26 de julio

julio 26, 2020

JESÚS Y LA PROMESA DEL ESPÍRITU SANTO | Lección 5 Domingo 26 de julio

Con la promesa del Espíritu Santo, Jesús respondió a la preocupación de los discípulos por dejarlos y regresar al cielo. “Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré” (Juan 16:7). La palabra griega para “Consolador” es parakletos. Se refiere a “alguien que viene junto a” con el propósito de ayudar. Una de las
principales funciones del Espíritu Santo es acompañar a todos los creyentes para capacitarlos y guiarlos en sus actividades de testimonio. Cuando damos testimonio de Jesús, no estamos solos. El Espíritu Santo está a nuestro lado para guiarnos a los buscadores sinceros. Él prepara sus corazones antes de que los conozcamos. Él guía nuestras palabras, trae convicción a las mentes
de los buscadores y los fortalece para responder a sus impulsos.

Lee Juan 15:26 y 27 y Juan 16:8. ¿Qué nos dicen estos versículos sobre el papel del Espíritu Santo en la testificación?

El Espíritu Santo testifica de Jesús. Su objetivo final es llevar a tantas personas a Jesús como sea posible. Su misión es glorificar a Jesús. En este papel, convence a todos los creyentes de su responsabilidad de testificar. Él abre nuestros ojos para ver las posibilidades en las personas que nos rodean y trabaja tras bambalinas para crear receptividad al mensaje del evangelio.
Jesús lo dice claramente. El Espíritu Santo “convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio” (Juan 16:8). En otras palabras, trabaja en los corazones para ser conscientes de una profunda sensación de alienación de Dios y la necesidad del arrepentimiento. También convence al mundo
“de justicia”. El Espíritu Santo no solo revela el pecado, sino además nos instruye en justicia.

Él revela la magnificencia de la justicia de Jesús en contraste con nuestra propia inmundicia. El papel del Espíritu Santo no es simplemente señalar lo malos que somos; es revelar cuán bueno, amable, compasivo y amoroso es Jesús, y moldearnos a su imagen. Testificar es simplemente cooperar con el Espíritu Santo para glorificar a Jesús. En el poder del Espíritu y bajo su guía, testificamos de este asombroso Cristo que ha transformado nuestra vida.

En nuestro deseo de trabajar por las almas, ¿por qué debemos recordar siempre que nosotros no podemos realizar la tarea de convertir a las personas, sino que solo el Espíritu Santo puede hacerlo?

Reavivados por su palabra: Hoy, Provervios 25.